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21 de Septiembre - Día de la Sanidad

Cuidar a los que cuidan: el verdadero sentido del Día de la Sanidad

El Día de la Sanidad es una oportunidad de reflexión sobre el “estado de salud del Sistema de Salud” y las necesidades de las personas que lo componen. 
La salud es una de las formas de riqueza de la sociedad, ya que es una condición que permite el desarrollo y bienestar de las personas. Quienes trabajamos en el ámbito de la sanidad aportamos a la sociedad su riqueza en salud.


Sin embargo, los recursos público-privados disponibles y la consideración social se encuentran en deuda con el sistema sanitario y sus trabajadores, quienes realizan una tarea vital, imprescindible y que se encuentra entre las de mayor sacrificio en la dinámica social.  
Esta deuda se intenta naturalizar con el argumento de la vocación con la que fue ungida la medicina. Lamentablemente, esa “aura vocacional” no tiene alcance como “moneda o instrumento de pago” para hacer frente a las necesidades y bienestar de quienes trabajan en salud.


Otra desconsideración al equipo de salud radica en un flujo de “comunicación paradojal”. Por un lado, la disconformidad y frustración de pacientes o familiares (por motivos que no se cuestionan), encuentran mayor visibilidad al acceder presurosos a redes sociales, como vidrieras de alcance masivo. Por otro lado, la tarea asistencial cotidiana – donde predomina la satisfacción y el agradecimiento- acontece en un plano reservado y confidencial. Existe una evidente asimetría: el enojo se moviliza con rapidez para hacer oír su queja, mientras que la gratitud es más perezosa ante la satisfacción o la alegría en lo referido a la salud. 

El funcionamiento de una institución de salud requiere de un engranaje humano que incluye a quienes reciben a nuestros pacientes, resguardan la seguridad, brindan sostén administrativo, soporte informático, mantenimiento y cuidado de las instalaciones, su limpieza, la gastronomía, técnicos en salud, enfermeros, y profesionales de la salud.


Se habla de “instituciones sensibles” donde todo este equipo de salud se siente parte de un “engranaje terapéutico”, interesados en el alivio y contención de pacientes, custodiando su dignidad.

Es oportuno tener presente que, para aliviar el sufrimiento y cuidar la salud de pacientes, es imperativo cuidar y sostener a las personas que integran el equipo de salud.

Ya lo planteaba Sir William Osler, referente de la medicina moderna humanizada, “en ningún otro oficio, se necesita mantener la mente tan despejada y su corazón tan templado, frente a las tormentas que se presentan”.  Diariamente somos testigos de realidades que exigen no solo conocimiento en salud o capacidad operativa sanitaria, sino una enorme templanza y fortaleza emocional ante el sufrimiento y angustia de quienes acuden a nosotros. 


Nuestro sistema de salud precisa un “reseteo” que revalorice su importancia y racionalice la distribución de recursos, asegurando que no estén “contaminados” por intereses corporativos o ineficiencias administrativas. El objetivo debe ser destinar esos fondos a insumos suficientes e ingresos dignos para los profesionales, garantizando así un servicio asistencial eficiente que se brinde justo cuando se lo necesita.


Por eso, este Día de la Sanidad no es solo una fecha de celebración. Es un recordatorio urgente: cuidar a quienes nos cuidan no es una opción, es un deber social, económico y humano. 
Nuestro reconocimiento debe ir más allá de las palabras. Debe transformarse en dignidad para cada persona que sostiene, día a día, este engranaje terapéutico.


Gustavo Martín Petracca

Médico

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