Hace años, cuando no se hablaba de la mente y se sostenía
que pensamientos y sentimientos nacían del alma de las
personas, el cerebro aun desconocido, estaba encerrado
en el cráneo…un misterio. Recorriendo la historia rápidamente
encontramos que a fines del siglo XIX ya se hablaba de
neuropsiquiatría. La epilepsia, era considerada una manifestación
de locura y así muchos mitos y concepciones que, aunque
les parezca difícil de creer, perduraron hasta mediados
del siglo pasado y la neurología y psiquiatría solo empiezan
a separarse formalmente a mediados del siglo. Entonces
empiezan a independizarse las sociedades médicas de neurología-psiquiatría
y las publicaciones. Los años 90 fueron la década del
cerebro y los esfuerzos de la investigación en los países
desarrollados se concentraron en ello. Las posibilidades
técnicas que permitieron estudiar y reconocer las estructuras
y funcionamiento del sistema nervioso central permitieron
descubrir que el cerebro funciona y las lucecitas se encienden,
no solo cuando movemos, vemos, hablamos o escuchamos sino
también cuando pensamos, sentimos, deseamos, nos enojamos
o simplemente somos felices…. Entonces, podemos sostener
que las enfermedades de la mente son enfermedades del
cerebro… y eso hace una enorme diferencia!!
Desde la anatomía (forma), fisiología (función), neuroimágenes
(tomografía, resonancia magnética), neuroquímica (neurotransmisores),
neurofarmacología (medicamentos), neuropsicología, neuropsiquiatría,
el conjunto de ciencias y… esto se llama neurociencias.
Las neurociencias clínicas están recorriendo un camino
de grandes cambios y la interdependencia de las distintas
especialidades es necesaria para dar una atención y tratamiento
integrales.
Y cuando decidimos hacer Ineba, la primer experiencia
asistencial donde la neurología y la psiquiatría convergen
desde ese punto de vista, le pedí a Mariano Sigman que
escribiera, esta que resultó una conmovedora explicación…
"Seguido nos preguntamos por nuestros sentimientos, nuestras
emociones, como si de alguna manera fuesen ajenas a nuestra
voluntad. El odio no se decide, se siente. La alegría
no se elige, ocurre. El miedo no se busca, se encuentra.
Las emociones subyacen al discurso y a las razones y al
mismo tiempo son el reflejo visceral de lo que nos pasa,
el secreto más propio y genuino. Son nuestra identidad,
la que nos convierte en no-maquinas. Aún las máquinas
más asombrosas, pequeñas, estáticas, móviles, cuadradas,
de colores, capaces de jugar ajedrez mejor que el mejor
de los ajedrecistas son incapaces de emocionarse; no pueden
sentir. Esta conjunción es curiosa, lo más hondo de nuestra
identidad escapa en parte a nuestra voluntad.
Parte de la aventura de la vida esta en resolver esta
paradoja. En conocerse. En encontrarse para que cada uno
pueda ser protagonista a la vez que actor de su propia
historia. Así como aprendemos a caminar, a hablar, a leer,
de manera menos metódica y sistemática también aprendemos
a sentir. En algún momento conocemos mejor nuestros miedos
y sabemos como lidiar con ellos, si escucharlos o si ignorarlos,
descubrimos nuevos gustos, entendemos que un olor nos
conmueve porque estaba asociado a un recuerdo tierno de
la infancia.
Como toda aventura, no siempre transcurre suavemente.
Y, a veces, como sabemos, no es fácil aprender a sentir.
Miedos exagerados, grandes angustias, odios desmedidos,
celos incontrolables. Ahí es donde creemos que puede ayudar
la experiencia colectiva, la de nuestra historia, recogida
en la literatura, la ciencia, la medicina, la psicología,
la filosofía. Esta experiencia colectiva hace que uno
no este solo. Esa sensación nueva y desbordante, difícil
de describir o manifestar en palabras para quien la siente,
en realidad no es tan nueva. Y como no es enteramente
nueva la sensación tampoco es absolutamente desconocida
la respuesta. Y ahí es donde creemos que podemos ayudar.
En Ineba desde luego no queremos grabar o imponer emociones.
Queremos utilizar la experiencia de un equipo integrativo
para ofrecer respuestas posibles, intentando que cada
persona se reencuentre armoniosamente con sus emociones
y se convierta en protagonista de su historia".
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